A los que nacimos en el tiempo de los chiripitiflaúticos, y que conste que no he leido el libro famoso de los nacidos en los 60, aún recordamos que este mes que termina es el mes de la flores y para los creyentes el mes de María. Hace poco cayó antes mis ojos el texto del Magnificat que proclama la madre de Jesús (LC2, 46-55) cuando visita a su prima Isabel, reescrito por uno de los santos actuales que aún viven en la selva amazónica; que es el obispo catalán de nacimiento y brasileño por adopción Pedro Casaldáliga. Aquel que dijo “si doy un pan al hambriento me llaman buen cristiano, y si pregunto por qué no tiene pan me llaman comunista

El MAGNIFICAT DE MARIA actualizado por PEDRO CASALDÁLIGA by lamargaritaseagita is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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Estos compuestos llegan hasta las células olfativas de la cavidad nasal del individuo de la misma especie y sexo contrario y allí desencadenan una cascada de reacciones bioquímicas (lo siento, la atracción sexual tiene mucho de bioquímica y fisiología, que se le va a hacer) que finalmente ponen en disposición de llevar a buen término las intenciones de cópula del emisor de las susodichas feromonas. Hasta aquí todo bien (sobre todo para el que emite las feromonas, si ha tenido éxito). El problema para nosotros los humanos surge cuando una de esas feromonas aparece en un alimento, y cuando además somos capaces de percibirla.