
En algún momento, antes de que existieran registros escritos, alguien se dejó casualmente parte de la caza o de la pesca del día al amor de la hoguera, impregnándose de humo. Mira tú por donde, esas piezas tardaron más tiempo en desarrollar el aroma característico a carne o pescado alterado (que no resulta agradable ni a las narices más primitivas) y además adquirieron un saborcillo diferente, que acababa gustando. Y así durante siglos y siglos ahumando arenques, quesos, cecinas… Pero ¿qué es el humo?

