De paso explico qué es un rotavapor (ver imagen adjunta y sobre todo, ver vídeo en este enlace); se trata de una aparato muy empleado en los laboratorios de química, con un funcionamiento similar al de un alambique: por una parte, existe un matraz donde se dispone la muestra (líquida normalmente) que va a ser sometida a destilación. Hay además un serpentín o condensador, que consiste en un cilindro amplio de vidrio que contiene en su interior un tubo enrollado que ocupa casi la totalidad del volumen interior. Por dicho tubo enrollado se hace circular un líquido refrigerante, consiguiendo así que condensen (se conviertan en líquido) los vapores arrastrados de la muestra que se había colocado en el matraz. Por último, existe un pequeño matraz para recoger lo que se ha ido condensando en el serpentín. Como diferencia con un alambique, en el rotavapor el matraz en el que se coloca la muestra puede mantenerse en constante rotación (de ahí el nombre: rotavapor), sumergido parcialmente en un baño de agua con temperatura controlada. Esto permite ajustar al máximo la temperatura de destilación. Por último, otra diferencia es que el serpentín tiene acoplado una bomba de vacío, que succiona el aire alrededor de la muestra que se va a destilar, permitiendo de esta manera destilar a una temperatura mucho más baja. Buff… vaya rollo, ¿no?.

HERRAMIENTAS DE LA NUEVA COCINA XIII.- REDUCCIONES A VACÍO by lamargaritaseagita is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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Los resultados de las investigaciones no siempre nos cuentan lo que queremos oír (y esto incluye a nuestra ex-ministra de sanidad). Por supuesto, lo observado en un solo estudio no puede negar tajantemente la información obtenida durante muchos años. Pero
Tal y como ocurre en la mayoría de los ámbitos en nuestro país, parece que posicionarse totalmente a favor o visceralmente en contra de la nuevas tendencias culinarias, comandadas por Adriá, resulta una necesidad pública, social (tal vez fisiológica, por aquello de desprenderse de las inmundicias que algunos guardan con tesón dentro de sí). Es más, como en otros asuntos, las cosas se llevan al terreno de la política, la nacionalidad, las tradiciones: da la sensación de que ahora ser progre pasa irrefutablemente por leer El País, que te guste como juega el Barcelona y que te ponga la comida de Adriá. Por el contrario, si eres más del ABC o La razón, Adriá es un bluff (inflado desde el gobierno Zapatero, por supuesto) y la victoria del Madrid te hace ir sacando pecho por las avenidas. ¿Por qué somos tan estúpidos y tan simples? ¿Qué necesidad hay de estar en contra de algo a lo que no te obligan, algo que puedes elegir, como es degustar una comida u otra? Es posible que algunos de los cocineros subidos a la corriente de la nueva ola estén simplemente tratando de impactar para salir en los medios, preparando auténticos sinsentidos gastronómicos (es más, sé que es así con ejemplos que jamás diré en público). No creo que sea menos cierto que esto pasa (o ha pasado) en cualquier tipo de cocina, con la diferencia fundamental de que ahora hay una explosión de todo lo que concierne a la gastronomía (de la que algunos están sacando dinero a espuertas), lo que significa que cualquier pequeña tontería que hagas puede suponer que salgas en telediarios o te editen un libro, con lo que se multiplica el número de arrimados al posible éxito.
Pues eso, nuestro contador indica que hemos llegado a 320.000 entradas, que sumadas a las 80 y tantas mil que se perdieron en el contador durante el ataque al servidor en las navidades, suman unas 400.000.