
Unos investigadores de la Universidad Nacional de Seúl, en Corea del Sur, han puesto de manifiesto la capacidad que posee el aroma del café, integrado por miles de diferentes compuestos químicos de pequeño tamaño, de disminuir el estrés oxidativo en el que lo huele (y lo han publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry, una de nuestras biblias; y es que en las revistas científicas también hay champions league y regional preferente). Lo que hicieron fue evaluar los efectos del aroma del café en ratas a las que se les había privado del sueño (como putean a las pobres ratas…). Estos investigadores vieron como las ratas a las que se les daba a oler café, comparadas con las que no dormían y además no olían el café, presentaban una expresión diferente de una serie de genes (algunos se sobreexpresaban mientras que otros se expresaban con menor intensidad), lo que daba lugar a un perfil de proteínas diferente, cuyas actividades se relacionaban con una mayor protección contra el estrés oxidativo, con una mejora de las defensas, una mejor función cerebral, etc.
La verdad, al levantarme, empiezo a tener consciencia de quién soy cuando huelo el cafetito. ¿Tendrá algo que ver?
El cuadro es “Naturaleza muerta con jarra, molinillo de café y estuche de pipa” de Van Gogh.

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