
Si uno pretende estar al día de la información que genera el mundo de la ciencia acerca de las repercusiones de los componentes de la dieta sobre la salud, se puede hacer un lío morrocotudo. Y es que constantemente saltan a la palestra estudios con informaciones que, en unas ocasiones, pueden parecer contradictorias, y en otras, parecen condenarnos a no ingerir nada sin aumentar el riesgo de padecer algo. Más aún cuando esta información proviene de los resúmenes o extractos que aparecen en los medios de comunicación, donde las simplificaciones (necesarias, por otra parte), dejan estudios que duran años y con montones de salvedades y detalles, en un titular que capte la atención con rapidez y rotundidad.
Archivos Mensuales: agosto 2009
¿DEPENDE LO QUE COMES DE LA PERSONA CON LA QUE COMES?

Seguramente cada uno es como es, pero con estudios como este, publicado en la revista “Appetite” se perciben tendencias generales sobre el comportamiento en el ámbito del comer. En este caso, se estudiaron casi 500 individuos divididos en unos 200 grupos, y se observaron sus tendencias a la hora de elegir comida cuando acudían a comer a la cafetería de la universidad. Los sujetos en cuestión podían elegir libremente lo que querían en el buffet de la cafetería. Tal vez el resultado más curioso fue que las chicas comieron una cantidad significativamente menor de calorías cuando la pareja con la que iban a comer era un chico. Y en ese mismo sentido, si la comida era en grupo, el número total de calorías que contenía la comida que pedían conjuntamente las chicas estaba inversamente relacionado con el número de chicos en el grupo. En cambio, lo que comían los chicos no se vio afectado por la presencia o ausencia de chicas en el grupo.
En estudios previos ya se había detectado que se come más en compañía de grupos numerosos (deCastro, 1997, British J Nutrition, 77, S39) (algo que todos intuimos, creo yo), e incluso se ha observado que en el caso de las mujeres, si la persona del sexo contrario con la que comparte comida es atractiva socialmente (no sé my bien cómo definirlo) el consumo es aún menor (Pliner & Chaiken, 1990, J Experimental Social Psychology, 26, 240)
Con todo ello se me ocurre que tal vez para ponerse a régimen podría ser efectivo un grupo de camareros de buen ver haciendo compañía mientras se come.
El cuadro es “In copula” de Klee.
PD: lamarga cierra una par de semanas por vacaciones.
ECOLÓGICOS: SENSORIAL

Insisto en que el tema no tiene mucho sentido, porque el que elige ecológico lo hace (digo yo) por una multitud de factores que van desde el contenido en residuos de la producción agrícola, pasando por temas medio ambientales e incluyendo aspectos relacionados con la sostenibilidad y el comercio justo. Como de eso no tengo un criterio formado demasiado consistente, mejor no hablo. Pero en el post anterior, a raíz del trabajo científico de revisión (o de revisión científica) en el que se ponía de manifiesto la falta de diferencias sustanciales en el contenido en nutrientes entre alimentos ecológicos y convencionales, se citó que otra de las justificaciones podría ser la diferencias en características sensoriales, y en eso ya sí puedo intentar opinar un poco.