
Tengo un vicio que no soy capaz de remediar. Como con todas las adicciones, después de pasar un tiempo alejado de ella, el regreso es compulsivo, sin control, un puro dejarse ir por los sentidos, sin posibilidad de cargo de conciencia o consideración alguna para con la salud. Más y más, para revisar los matices más recónditos o para hartarse sin contemplaciones. Tal vez hacerlo público, como en los alcohólicos anónimos me ayude a solucionarlo.
Ayer caí de nuevo. Ayer volví a palpar esas formas incitantes, firmes, características. Comencé a quitarle ritualmente su vestido, esa malla ceñida que ya deja entrever el disfrute que se avecina. Empecé a percibir su olor profundo, atávico. Me manché las manos con su olor y, como siempre, no pude aguantarme. Tuve que sacar mi herramienta y comenzar a dar rienda suelta a mi deseo. De nuevo caí en la tentación de manera compulsiva.
No era capaz de parar, una loncha tras otra, aquella con más veteado, más jugosa, más suculenta; esas otras más secas, sin grasa alguna, duras, con las que se llena la boca de saliva, con las que duelen las mandíbulas de masticar. O las otras, con más tocino que magro, con matices a rancio que rascan en la garganta, que llegan a picar. Y en cada una ya la necesidad de la siguiente. No soy capaz de tomarme dos o tres lonchitas. Una vez que la mano se pone tonta y empieza a tallar una superficie lisa ya no hay remedio. Cualquier excusa es buena: “esta es la última”, “voy a igualar el corte”, “esta parte no la quiere nadie”, “en casa se seca mucho”, “ahora es cuando está bueno”, “esta grasa es rica en ácido oleico”, “total solamente lo tomo de cuando en cuando…”
¡Dios, que bueno está! Y no tengo más remedio que hacer publicidad del amigo que, tras años de mimos y esmeros, consigue que salgan tan, tan buenos. El es Javier, y los jamones son de Dehesa de Solana, que tiene su secadero de jamones en la provincia de Cáceres, en Herrera de Alcántara, rodeado de unas dehesas preciosas, ahora verdes y empapadas y llenas de bellotas.
El cuadro es “Trama de colores” de Turner.
Ya veo que tenemos otro punto de conexión personal. A pesar de que me quiten el carnet de vasco por españolista siempre he dicho que mis dos vicios gastronómicos por excelencia son el buen jamón como el que te has tapiñado y el turron blando de Jijona. Casi todo lo demás, mariconadas.
Pero no abuses……
¿Tus vice es Javier o el jamón? Cualquiera, tiene una feliz Navidad.
¡Lo huelo desde aquí!
¡Felices días, Orges!
Buhogris,
Bueno, en el turrón no coincidimos: a mi todo lo dulce me deja frío.
No me llegó a tiempo el consejo, ya he abusado.
Saludos
Trig,
Mi mujer te diría que lo de Javier es sospechoso, porque nuestras conversaciones por teléfono duran horas, pero por ahora me gustan más los jamones que los hombres.
Saludos y felices fiestas.
¡¡Ay Roberto, esto es un sin vivir!! Hoy estoy a reventar de las comidas de los últimos dos días, pero me levanto y lo veo allí, solo, insinuante en medio de la cocina… Todos los meses de cuidada alimentación y gimnasio por la borda.
En fin
Saludos y que tengas un buen parón navideño.
Malos pensamientos de esos quiero yo todos los días del año!!! Con atracones previos o sin ellos.
Felices fiestas y BUEN PROVECHO!!!
Carlos, gracias por el comentario.
¡Y que no se harta uno nunca de estas cosas!
Feliz año
Para vicio el mio, toda la vida provando”un poco de cada” pero siempre respetando la dosis. ecepto cuando se trata de unos aromas imprecgnados en esa masa carnica salada y oreada en su punto justo, cuidadosamente selecinada.