NO SE HACE LA BOCA AGUA

A veces los estudios científicos llegan a conclusiones que contradicen las propias percepciones de uno mismo. Llegados a este punto hay dos opciones: o dudar del estudio en cuestión (era insuficiente, estaba mal diseñado, hay variables que no se tuvieron en consideración…) o dudar de uno mismo, de sus sentidos. Yo dudo constantemente de los míos: soy daltónico y tengo un pésimo sentido del olfato. Pero hay cosas que las percibo tan claras…

En este caso, en el estudio en cuestión (publicado en el Journal of Texture Studies), unos investigadores del Kings College de Londres se dedicaron a maltratar a una serie de voluntarios, proyectándoles imágenes de alimentos, para determinar si dichas imágenes provocaban una mayor secreción de saliva, que es (en principio) la causa de la expresión “se me hace la boca agua”. Esta relación entre la percepción visual y la secreción salivar parece bien establecida en otros animales, pero en humanos no estaba muy clara la cosa.

Pues bien, parece que no. En el citado estudio, a los maltratados voluntarios se les tomaban muestras de saliva (manda huevos: te ponen imágenes de comida y encima te urgan en la boca) y ésta no parecía tener relación alguna con la proyección de las imágenes, independientemente de que el individuo estuviera hambriento o saciado. Es decir, que esa sensación de ganas inmediatas de comer con la boca babeante que se nos pone cuando hojeamos un libro El Bulli es falsa (habría que estudiar el baboseo relacionado con la visualización de otro tipo de imágenes…).

Los autores concluyendo que la sensación que uno puede tener de mayor humedad en la boca cuando ve imágenes de comida no tiene que ver con una mayor secreción, sino (tal vez) con un eyección de pequeñas cantidades de saliva debido a una contracción muscular (será de la musculatura involuntaria de los conductos salivares, digo yo).

En el mismo estudio, se comprobó que cuando el estímulo era de una comida real, es decir, cuando además de ver el plato se podía oler, sí que había una inmediata secreción de saliva. Vamos, que al final se nos hace la boca agua más bien cuando abrimos la puerta de casa y huele a lentejas, o al pasar por delante del bar de tapas.

El cuadro es “Solitario” de Luigi Benedicenti. Si al verlo habéis notado una cierta sensación de humedad en la boca, es mentira, os engañan vuestros sentidos. O es que ya está hecha la cena y os están esperando.

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10 pensamientos en “NO SE HACE LA BOCA AGUA

  1. Seguro que los participantes estaban asustados por eso del miedo ancestral a que te urguen en la boca con instrumental. La adrenalina es un potente inhibidor de la secreción de saliva.

    Es mi primera lectura y participación en el blog. Soy médico (especialista en cosas de la boca y las glandulas salivares) y estudiante de Dietetica y Nutrición, además de apasionada por el tema de la cocina (tanto como cocinera como en el papel de degustadora).

    ¿Se admite un comentario……”negativo”? no te costaría nada dejar el blog perfecto si cambias “heramiNEtas” por herramientas en el encabezado de ese apartado.

    Gracias por toooooooooda la información.

  2. Caramba, quien lo diría, voy a estar atento amis papilas a partir de ahora y bueno aunque con mi experiencia no vaya a poder tumbar ese estudio por lo menos me desahogare y te lo cuento, si es que estoy en lo cierto y solo con la vista es suficiente.
    Saludos

  3. Gracias por los comentarios Sole y Ozu.

    Ups!! Se me coló lo de “herraminetas”. Gracias por el aviso y bienvenida (y enhorabuena por tu bonito blog). Es cierto, en muchas ocasiones la propia metodología de la toma de muestras puede influir en el resultado, y este es un buen ejemplo. El artículo entero es muy interesante, porque se revisan otros factores relacionados con la comida que pueden influir en una mayor o menor salivación.

    Ozu, tus observaciones serán bienvenidas. Yo llevo unos días fijándome y… no sé, no lo tengo claro.

    Saludos y gracias de nuevo

  4. Gracias Orges.

    Estoy pensando yo…. ¿donde deja esto entonces a Pavlov, los perros y la campanita?

  5. Cosa rara la verdad porque yo vivo con mi boca y mis glándulas salivares y mi experiencia me dice que sí hay salivación ante la imagen y más ante la imagen y el olor, aunque no ante todas las imágenes claro está. Así que debo ser un bicho raro no incluido en el estudio…. lo de la campanita y los perros entonces no tiene nada que ver con nosotros, no? pues lo siento, pero discrepo y me arriesgo porque no tengo estudios que me avalen 😉

  6. Respecto a la segunda parte, la inmediata secreción de saliva al tener el plato delante, ¿se debería al hecho de olerlo, o sería por la posibilidad de poder paladearlo?
    Vamos, que para que se me haga la boca agua, además de oler, ver, o imaginar, quizás sea necesario que mi cerebro evalúe que hay posibilidad de jalárselo…

  7. Gracias por los comentarios.

    Fátima, qué alegría verte de nuevo por aquí. Yo también creo que discrepo, pero igual es que los sentidos nos engañan. O tal vez solamente nos acordamos cuando se ha dado la situación en que hemos secretado más, y otras en las que esto no ha ocurrido, no las hemos archivado.

    iMAM, buena observación. Sí, a mí también me parece que la posibilidad de hincarle el diente puede tener que ver en el asunto, aunque también está la imagen del niño pardo en el escaparate de la pastelería o del pobre harapiento mirando un jamón ibérico en una charcutería.

    Saludos

  8. A mí me recuerda al tema del perro de Pauvlov. Menuda novedad. Hablando de novedades: qué sabeis de Apicius, esa excelente revista de gastronomía. Me han dicho que han chapado. Joder, otra revista que desaparece con esta maldita crisis.

  9. Gracias por tu comentario, Joaquín.

    Sí, en el artículo se hace mención al perro de Pavlov, y se comenta que parece que nosotros funcionamos de una manera ligeramente diferente, porque en ellos sí existe ese estímulo visual.

    De Apicius no sé nada, pero sería una pena que no siguiese, porque su formato era estupendo.

    Saludos

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