COMIDA Y SEXO

Se trata sin duda de dos de las actividades más placenteras de las que puede disfrutar el género humano. Ambas mueven montañas y toneladas de dinero. En ambas subyacen nuestros instintos más animales, pero las dos han sido también objeto de los refinamientos más alambicados. Curiosamente las dos destacan con luz propia entre el listado de pecados más buscados. Si por separado ostentan tanto poder, su matrimonio se antoja tremebundo. Pues sí y no. Aunque hay asociaciones claras a lo largo de la historia entre determinados alimentos, sobre todo bebidas, y la práctica del sexo y el erotismo, lo cierto es que son dos gigantes que se respetan bastante. Las copas previas al encuentro amoroso (champagne casi siempre en el séptimo arte), ciertas prácticas un tanto pegajosas (la típica de la nata, las duchas otra vez con champagne), algunas escenas de mordisqueo insinuante con luz tenue de fondo (Kim Basinger en Nueva semanas y media, a las puertas del frigorífico, y en miles de anuncios, con el helado como símbolo fálico subliminal) y poco más (bueno, habría que recordar cómo la nueva cocina también encuentra sus aplicaciones, como aquella que se comentó en relación a los peta-zetas y su uso en el sexo oral). Pero donde si ha habido un acercamiento es en el alimento como elixir o como reconstituyente. Desde Casanova y sus docenas de huevos para pasar la noche fornicando, pasando por los miles de potingues de la cultura oriental para conseguir erecciones que se antojan dificultosas, a lo largo de la historia no han faltado intentos de mejorar las prestaciones amatorias o de derribar los muros de la frigidez a través de la alimentación. Pero (pensaba yo) cuando todo ello es llevado al ámbito molecular, a los estudios científicos, la cosa se va quedando en más bien casi nada.

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OTRA VEZ LA POLÉMICA DE LA MATANZA

Ayer en clase de la asignatura de libre elección “Productos Alimenticios Tradicionales”, me tocaba dar “La Matanza Tradicional” (se entiende que la del cerdo; otro tipo de matanzas no están contempladas en esta asignatura, aunque con Bolonia, cualquiera sabe). Y mira tú qué casualidad, esa misma mañana el diario El País publicaba un artículo sobre cómo la normativa en torno a la matanza domiciliaria se utiliza como papel higiénico en numerosas ocasiones y en un buen número de comunidades autónomas. El factor común en todas estas ocasiones es el caso omiso al requerimiento legal de realizar un aturdimiento previo del animal antes del sangrado, que es finalmente la forma en la que mueren los animales (desangrados).

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“LOS TESTS DE SENSIBILIDAD ALIMENTARIA NO SON UNA HERRAMIENTA ÚTIL PARA EL DIAGNÓSTICO O EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD U OTRAS ENFERMEDADES”

Ya se había dicho antes por aquí, y que lo diga yo tiene más bien poco valor. Pero en esta ocasión es el título de un artículo publicado en la revista “Actividad Dietética” por el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas.

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¿DEMASIADO TARDE?

Veo en una página de web sobre noticias acerca de la nutrición (no muy fiable por cierto: venden suplementos sospechosos, les gustan los titulares llamativos y no suelen citar todas las fuentes para sus afirmaciones), que una lista de efectos negativos del café sobre la salud viene encabezada por “Pérdida de pelo” ¡La gallina! ¿Por qué no me avisaron antes? Tendrá algo que ver entonces mi afición al negro manjar (aumentada cuando era estudiante y me pasaba meses durmiendo 4 horas a basé de tazones de café negro) con mi temprana pérdida de la cobertura capilar (vulgo calvicie galopante).

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HAROLD McGEE CUESTIONANDO MITOS SOBRE LAS BONDADES SENSORIALES DEL ACEITE DE OLIVA (COCINADO)

La última columna de Harold en el NY Times trata sobre la calidad sensorial de diferentes aceites y de cómo ésta se ve afectada por el calentamiento. En resumen, el amigo Harold nos cuenta que en el mercado existen gran variedad de aceites (en los USA se emplean con frecuencia aceites que aquí son más raros, como el de cacahuete o el de colza, que se ha quedado ya para siempre con una mala fama por la famosa intoxicación), acompañada por una tremenda variedad de precios. Esta disparidad de precio puede estar justificada por las diferencias en las características sensoriales de cada uno de los tipos de aceite. Así, el aceite de oliva virgen extra posee matices aromáticos y notas picantes en boca, que son muy apreciadas por determinados consumidores (más aquí en España que allí en los USA, creo yo), mientras que otros aceites son, en líneas generales, neutros desde un punto de vista aromático. Esto es debido a que en la mayoría de los casos se trata de aceites refinados, en los que se ha eliminado todo lo que no sea grasa: olores, antioxidantes, colores…La cuestión es ¿merece la pena esa diferencia en el precio cuando se va a emplear el aceite para cocinar, es decir, cuando se va a calentar?

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