Martes, Agosto 12, 2008
15 DÍAS DE VACACIONES. II.- EL PESCADO
Una de las cosas buenas de ir a la costa es poder comer pescado fresco. Con el frío industrial, ya desde hace bastante tiempo, se puede comer pescado razonablemente bueno en casi cualquier geografía. Pero en el pescado la frescura es trascendental. En algunas pescaderías de cerca de la costa todavía exponen los pescados de pequeño tamaño aún en rigor mortis, formando una U debido a la contracción muscular. Esto es símbolo inequívoco de una extraordinaria frescura, porque en el pescado el rigor se instaura muy rápidamente, y se resuelve también en poco tiempo. Como todo esto lo conté hace ya un par de años (¡cómo pasa el tiempo!), hoy me voy a referir a otra diferencia con (algunos de) los pescados que comemos en el interior. Y es que el consumo de pescado procedente de la acuicultura ha aumentado espectacularmente. En el futuro, al ritmo que llevamos de esquilmar los fondos marinos, es posible que sea la única manera de consumir pescado. Ahora mismo supone la forma más barata. Lubinas y doradas se encuentran entre las especies más implantadas. Y la calidad es muy digna. Pero cuando uno prueba la misma especie procedente de pesca extractiva, no hay color. Y yo no soy un gourmet ni un pamplinas. Más bien todo lo contrario, mi postura previa es ir predispuesto a que me gusten lo mismo, a no encontrar la diferencia. ¿Por qué son tan distintos?
