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LA IMPORTANCIA DE TENER PECHO

13/03/2005

Y claro está, me estoy refiriendo al pecho femenino, al de las hembras de los mamíferos… aunque en realidad mi reflexión acotará algo más el campo de análisis y me centraré únicamente en el pecho femenino humano. En el motivo de su presencia constante, en la duplicidad del mismo, en la posición el cuerpo, en el rol que juega en el conjunto de la especie humana. En definitiva, en debatir qué lo hace especial e importante.

Para empezar lo primero que me gustaría es hacer una llamada de atención sobre una particularidad especial que presenta el pecho femenino humano. Al contrario que ocurre con otros pechos, en este caso podríamos decir que es “persistente?. Siempre está ahí, a lo largo de la vida adulta de una mujer siempre se puede constatar su presencia. Todos los días del año, incluso, y eso es lo extraordinario, cuando no hay un bebé por medio que demande su primer alimento. Nuestros pechos, me refiero a los de nuestra especie, son excepcionales en el mundo mamífero. Ninguna hembra de este tipo mantiene esas globosas estructuras salvo en los momentos de lactación. No hay ningún caso entre las especies con pechos, salvo en la nuestra, en la que se produzca tan poca variación de tamaño entre las épocas de crianza y las otras.
Otra cuestión interesante es la del número. ¿Por qué dos? Si hubiera una relación directa entre su número y una función nutricional, lógicamente, su número debería ser más bajo. Posiblemente habría que hablar de ellos en singular ya que son excepcionales los partos dobles. Nuestra especie ha evolucionado hacia una inversión parental repartida a lo largo de la vida reproductiva. Pocos bebés, uno casi siempre, por cada esfuerzo de cría. Varios en total, pero haciendo la cuenta al final de la vida.
Siguiendo con las particularidades, hay otra muy llamativa: la posición del pezón. Si analizamos su localización, rápidamente llama la atención que no está en el lugar más apropiado para que sea el encargado de canalizar la salida de la leche. Es como poner el tapón de salida del agua de una bañera a media altura. Lógicamente los problemas derivados de tal supuesto desastre organizativo son frecuentes en la lactación. Mastitis y múltiples contratiempos derivados del deficiente vaciado de la leche acompañan a gran parte de las esforzadas madres que tienen que preocuparse de este nuevo inconveniente en esos días en los que el neonato monopoliza ya todo el tiempo vital.
Y entonces, por qué es así. La respuesta nos lleva hacia nuestro subconsciente. Al interior de nuestro sistema de selección de pareja. A los criterios que hemos ido desarrollando para valorar a nuestras compañeras, y ellas a nosotros. El pecho se ha convertido en una bandera de la salud, en un motivo de confianza sobre la estabilidad de su calidad genética, en un aliado de la monogamia.
Para las mujeres de nuestros ancestros, los pechos constantes eran la mejor manera de encubrir los días de gestación, aquellos en las que no era necesario que el macho permaneciera junto a ella “protegiéndola? de las miradas lascivas de otros machos. En la gestación no hay peligro de concebir otro hijo de un extraño (y luego tener que criarlo). Era el mejor momento para que el futuro padre buscara otras posibilidades. Y para las mujeres, el mantenimiento de la forma del pecho, la mejor manera de retenerlo junto a ella.
En cuanto al número y la posición del pezón, la respuesta está en el otro sexo, el masculino. No hay un elemento en todo el cuerpo femenino que esté mejor diseñado para ofrecer una medida de la calidad genética que atesora la portadora. La simetría del pecho y el pezón son dos semáforos (incluso en el contraste de color) que claman por su relación con la falta de mutaciones en el ADN. El pezón está ahí para ser visto, valorado, juzgado. Una asimetría entre ambos es el indicio de que algo grave puede estar ocurriendo. Nuestro derecho es saberlo, ¿no?

 
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Me ha gustado mucho la disección anatómica de nuestro experto. A mi siempre me intranquilizo la mirada binocular de los pechos, o del pecho.
Me ha servido el artículo para invitar a amigos a visitar este jardín margarito.

Bye. snake

Enviado por  on  03/13  a las  22:26

Me gusta el pecho como semáforo. Explica muchos problemas de tráfico.

Enviado por  on  03/13  a las  23:32

Yo solamente encuentro un fallo en el diseño de los pechos femeninos:
que no estén situados en la espalda.

1) Los tímidos podrian disfrutar del panorama sin que la propietaria se enterase.

2) No habrían distracciones fatales durante las conversaciones con féminas de generoso escote, máxime cuando la fémina es la directora del banco donde estamos solicitando la hipoteca.

3) Los abrazos serían mucho más cariñosos al eliminar voluminosas interferencias entre ambos cuerpos y, además más efusivos, al quedar las manos del abrazante mucho mejor ubicadas (y ocupadas) que como sucede con el diseño actual.

...Y es que no hay diseño que no se pueda mejorar. grin

Enviado por Alberto Lozano  on  03/14  a las  02:32

Hola, Pedro: que buena pinta tu página. a Gema le gustarán los colores. Mi pagina está enlazada en la referencia y aquí por si acaso.

sobre Stephen Jay Gould, te pongo una foto en un blog de biologíaun post sobr los 30.000 genes y el libro suyo que más me ha gustado (y nunca creí que pudiera gustarme unlibro sobre paleontología de invertebrados)

Enviado por juanlu  on  03/14  a las  16:36

Me encanta tu análisis pectoral, pero con esto de la cirugía estética, y sobre todo los implantes de silicona, os tienen engañados a todos; alegráis la vista y luego os dan gato por liebre.

Enviado por  on  03/31  a las  10:26

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