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Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina – Hipócrates

Domingo, Junio 11, 2006

E-666: LOS ADITIVOS, LA NUEVA REENCARNACIÓN DE LA BESTIA

Resulta que gran parte de los esfuerzos de la ciencia biomédica buscando las causas de numerosas enfermedades que aquejan a la población de los países industrializados en el último siglo ha sido una gran pérdida de tiempo. image
Tanto tiempo y esfuerzos buscando y resulta que los culpables de todo (quién no lo sabe a estas alturas) son los aditivos, esos endemoniados números precedidos de una E-, transfiguración clara de la cabalística más oscura (ríase usted del Código da Vinci, en el que me han dicho que también hay mensajes ocultos y números malvados). Una combinación de números con su E- y ¡zas! alergia que te jodió, cáncer que te crió o autoinmunidad que te tumbó. Y todo con irrefutables pruebas científicas que quien quiera puede consultar a nivel usuario (evitando los inoportunos detalles científicos que tanto enturbian las explicaciones) en cualquiera de esas academias del saber científico de la modernidad que son las herboristerías y tiendas de tisanas varias.

La legislación define aditivo alimentario como “cualquier sustancia, que, normalmente, no se consuma como alimento en sí, ni se use como ingrediente característico en la alimentación, independientemente de que tenga o no valor nutritivo, y cuya adición intencionada a los productos alimenticios, con un propósito tecnológico en la fase de su fabricación, transformación, preparación, tratamiento, envase, transporte o almacenamiento tenga, o pueda esperarse razonablemente que tenga, directa o indirectamente, como resultado que el propio aditivo o sus subproductos se conviertan en un componente de dichos productos alimenticios�? Estas sustancias se añaden por lo tanto para mejorar o modificar las características del alimento. Los principales grupos de aditivos son los colorantes, los conservantes, los antioxidantes, los secuestrantes de metales, los gelificantes y estabilizantes, los emulsionantes, los potenciadores del sabor o los edulcorantes. Hasta aquí todo correcto. Pero el uso de algunos aditivos ha sido puesto en cuestión por la posible repercusión de su presencia en los alimentos sobre la salud del consumidor. Es preciso señalar que para que el uso de un aditivo sea autorizado, éste ha de pasar por multitud de pruebas que garanticen su inocuidad. Así, se evalúa su toxicidad aguda, su efecto sobre diferentes órganos en distintas especies de animales de laboratorio, su efecto a largo plazo. Existen organismos muy complejos y serios que estudian pormenorizadamente los informes relativos a cada aditivo. En Europa esa función recae en la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, y en Estados Unidos en la FDA. Una vez autorizado su uso, se consideran además cuáles son los niveles máximos permitidos. De hecho, existen más pruebas de la inocuidad de los aditivos a las cantidades autorizadas que de muchos alimentos “tradicionales�?. No obstante, en ocasiones, estudios más profundos pueden poner de manifiesto algún riesgo relativo a una sustancia previamente autorizada, cambiando entonces rápidamente la legislación que ampara su uso (caso de los nitratos y nitritos en la actualidad).
No existen estudios científicos serios que cuestionen las listas de aditivos autorizados a las cantidades que se emplean en la actualidad. Por lo tanto, hacerlos responsables, por muy “artificiales�? que sean, de patologías diversas es, cuando menos, poco serio y nada científico.

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