Sábado, Mayo 14, 2005
LOS PADRES Y EL HUEVO DE M?S
Vivimos en la era de la precisión, de la rapidez y del ajuste al límite. Vas a la tienda y la gente habla del margen de “beneficios?, las décimas de la inflación, el TAE, el IRPF, ... En nuestros ratos libres, por ejemplo, cuando vemos las olimpiadas en la tele, esta actividad se ha convertido en algo agobiante ante la necesidad de hacer un seguimiento continuo del pequeño cronómetro que sale en la parte inferior-izquierda (que además en mi tele suele coincidir con el logotipo de la cadena y algunas veces he tardado varios segundos en darme cuenta que estaba ante un record mundial). Es decir, en nuestra vida todo está siendo medido y valorado. Y como siempre, me surge una pregunta ¿Están los animales tan obsesionados con la precisión? ¿Es verdad, como se dice en los Evangelios, que las aves y los lirios del campo son libres y despreocupados?
Pues la verdad es que parece que no es así. Hace ya algunos años, una remesa de trabajos muy interesantes que se publicaron en las revistas de biología provenían de un grupo de investigadores a los que desde el mundo de los biólogos se les miraba con recelo: eran estudios de matemáticos o basados en sus ideas. Gente que no tenía apenas idea de los conocimientos biológicos más básicos, personas con piel blanca o rosácea apenas curtida por el sol, personas de zapatos finos y calcetines que no aguantarían un mínimo paseo por una pradera de gramíneas, investigadores que tenían tizas en vez de prismáticos, gente de uñas limpias. Algunos de estos personajes trabajan en las universidades de inglesas más prestigiosas, y algunos de estos se plantearon sus problemas matemáticos teniendo como modelos el comportamiento de las aves.
Uno de los estudios más bonitos fue hecho en el Departamento de Zoología, del Edward Grey Institute of Field Ornithology, en Oxford. Allí, en los jardines de esa prestigiosa Universidad, entre los adinerados alumnos y los inteligentes estudiantes que pueblan ese mágico lugar, se midió el ajuste del esfuerzo reproductivo que realizaban los padres (de las aves). La idea era sencilla, y por eso genial. Se estudió un pequeño pájaro parecido a un gorrión y el trabajo consistió en añadir un huevo fértil, de otro nido de similar grado de desarrollo, a los que previamente habían puesto los padres. Y luego ver qué pasaba.
Los resultados fueron, en principio, los esperados. Los padres criaron a sus pollos y al “aparecido? como si no pasara nada. Pero los investigadores no concluyeron allí el estudio (había dinero para más). Al año siguiente analizaron el comportamiento de los padres y vieron que pusieron menos huevos que lo normal para unas aves de su categoría. Evidentemente no estaban esperando que “alguien? pusiera otra vez otro huevo intruso. Simplemente, los científicos supusieron estaban pagando el esfuerzo biológico que supuso forzar la maquinaria reproductiva el año anterior.
Posteriormente, otros trabajos fueron complicando el tema y provocando más y más esfuerzo reproductivo a lo largo de las diferentes temporadas de cría. En todos los casos los resultados fueron similares: los animales habían ajustado su esfuerzo de cría inicial a lo que realmente podían dar de sí (eso los demostraron los matemáticos). Con los huevos que inicialmente habían puesto ya estaban al límite de sus recursos, y los esfuerzos suplementarios siempre los pagaban. Los investigadores vieron que el pago por este comportamiento extra podría ser de varias formas. En unos casos, mediante una disminución del número de crías al año siguiente, en otros, incluso disminuyendo su esperanza de vida (morían antes). Siempre pagaron precio, y al final los modelos, otra vez matemáticos, demostraron que las aves que pudieron ir reproduciéndose a su ritmo fueron mucho más efectivas que las aves forzadas y estresadas.
Más trabajos han salido posteriormente, pero no puedo comentarlos ya. Tengo muchas cosas que hacer: el niño, la compra, el paseo, las clases. Además, en estos días voy a tener otro hijo, una niña en concreto y voy a montar la cuna.
