Sábado, Marzo 10, 2007
MÁS DE ARTE Y COCINA
El título ya me pareció atrayente:”Sopa de Kafka” (publicado en España por “Edaf”). Lo ha escrito un hasta ahora fotógrafo (Mark Krick) y básicamente consiste en una serie de recetas de cocina en las que al autor se reencarna en diferentes literatos y/o artistas conocidos (Raymond Chandler, Irving Welsh, Jane Austen, Marcel Proust, Franz Kafka, Gabriel García Márquez, John Steinbek, el Marqués de Sade, Virginia Woolf, Homero, Graham Greene, Jorge Luis Borges, Harold Pinter y Geoffrey Chaucer). Cada receta está escrita con el estilo y las peculiaridades de cada uno de los creadores en los que se va reencarnando. Aún no lo he leído, pero los párrafos que publicaron en la revista de la que saco el comentario (XL Semanal) me parecieron muy entretenidos; no sé si decidirme por incluir aquí el de Viginia Woolf (a la que últimamente estoy enganchado) o el de Kafka (el que he estado enganchado siempre)… Voy por Woolf:
“TARTA VIRGINIA WOLF
INGREDIENTES: medio kilo de cerezas, 3 huevos, 150 gramos de harina, 150 gramos de azúcar, 150n gramos de levadura disuelta en agua caliente, 100 gramos de mantequilla, 1 vaso de leche
Preparación en plan “Miss Dalloway”
Coloco las cerezas en una bandeja que había untado de mantequilla y echó una ojeada por la ventana. Los niños no paraban de corretear por el césped. Entre el rojo vivo de los macizos de tritomas, Nicholas se daba media vuelta para esperar a los demás […] A fuego lento derrito la mantequilla hasta que se puso traslúcida y suave, oleaginosa y tersa, clarificada y de color dorado, y la mezclo con el azúcar en un cuenco enorme. ¿Debería haber preparado algo que fuera inglés de toda la vida? (Sin querer, ante sus ojos desfilaron montones de pasteles). Era una receta francesa, faltaría más, que había aprendido de su abuela, porque la cocina inglesa era abominable”
Pero no me resisto a recoger la de Kafka, que da título al libro:
“SOPA KAFKIANA
INGREDIENTES: 3 cucharaditas de miso fermentado, 150 gramos de tofú sedoso, 4 o 5 champiñones pequeños, unas hojas de wakame seco.
Preparación al modo “El proceso”
K. hubo de reconocer que aquello podía pasarle a cualquiera que no tuviese los ojos bien abiertos. Echó un vistazo al frigorífico y comprobó que estaba casi vacío, de no ser por unos cuantos champiñones, que procedió a cortar en láminas. Aunque los comensales ya estaban sentados a la mesa, parecía tener poca cosa que ofrecerles […] El silbido de una cazuela que rompió a hervir lo llevó a pensar de nuevo en la cena, al tiempo que reparaba en un tarro de miso fermentado y un trozo de tofú sedoso, que quizá se hubiese olvidado la casera. En un intento de que su proceso no tuviese ningún revés, puso tres cucharadas de miso en un cazo y añadió un litro de agua bien caliente.”
