Lunes, Junio 20, 2005
París-I
Ante todo, muchas gracias por vuestro apoyo. Intentaré no hacer mucho el ridículo. Hoy me he enterado del nombre de alguno de los que participan y la saliva ha espesado por momentos, y he empezado a tener dificultades al tragar.
Y es que son nombres de muy reconocido prestigio en sus respectivas áreas, que no necesariamente tienen que ver con los alimentos, pero que se han ido acercando a la cocina seducidos por Herve. En fin, alea jacta est.
París no puede defraudar: es tal y como a uno le cuentan que es. Describirla es entrar necesariamente en tópicos. El París de Cortazar, el de Vila Matas, el de Jorge Volpi o el de Sartre sólo se adivinan. Supongo que para poder disfrutar de verdad de la atmósfera, abstrayéndote de tu condición de extraño, habrá que estar más tiempo, tener una ocupación diaria que no sea ver monumentos y pasear. Nos lo podría contar Pedro, que paso una temporada por aquí, si no recuerdo mal.
Ahora vengo a París con la ventaja de haber hecho ya en ocasiones anteriores las visitas obligadas, y puedo disfrutar sin cargo de conciencia de un paseo por la Isla de San Luís, o por el Marais. No obstante, hoy no apetecía pasear por ningún lado: 33ºC, que en París significa mucho calor. Si a eso se le suma haberse levantado a las 3:30 de la madrugada para tomar el tren, y el cansancio prolongado de tren, aeropuerto, vuelo, tren de nuevo (hasta el centro de París) y paseo hasta el hotel, pues queda poco margen para disfrutar.
Hay una serie de constantes que marcan mis visitas a París: no he conseguido comer bien ninguna vez, incluso cuando Herve nos ha llevado a algún restaurante de los que solamente conocen los parisinos, de los que no salen en las guías. Admito que es fruto de mi falta de preocupación a la hora de preparar los viajes, pero podía haber tenido suerte en alguna ocasión, ¿no? Y es que lo que abundan son los restaurantes con inequívoco aspecto francés (o lo que un foráneo piensa que es aspecto de restaurante francés), para que piquen los turistas en general y los americanos en particular. Y es que en París es muy difícil no ser turista.
Otra constante es la calidad de los hoteles, mala si se compara con los del mismo precio en España. Es más de lo mismo, mucho turismo, y con una demanda tan grande, pueden poner los precios que quieran, aunque no ofrezcan gran cosa.
La última constante es que siempre que vengo, por unas cosas o por otras, me pierdo la colección de arte egipcio del Louvre. O ese día es de descanso, o está en reparación, o los funcionarios de museos están en huelga o la han cedido temporalmente. Está vez no me va a dar tiempo ni a intentarlo.
