Sábado, Noviembre 08, 2008
UN PAR DE “EN CONTRA DE LA OPINIÓN GENERALIZADA”
1.- Unos científicos británicos han comprobado que el consumo temprano de frutos secos (concretamente de cacahuetes) puede reducir la probabilidad de sufrir alergia a ese alimento (publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology). La recomendación más generalizada en la actualidad (en el Reino Unido al menos, desconozco el caso de España) es que no se coman cacahuetes durante el embarazo, la lactancia y los primeros años de vida. El estudio se ha llevado a cabo comparando las tasas de alergia a los cacahuetes entre el Reino Unido e Israel, donde un 69% de los niños de ¡9 meses! ya consumen este fruto seco (me imagino que en forma de papilla, pero aún y así, me parece tremendamente alta la cifra). Pues bien, los niños Israelíes mostraron una prevalencia de este padecimiento del 0.17%, mientras que la cifra era más de 10 veces superior (1,85%) en los británicos. Las alergias alimentarias han aumentado muchísimo en los últimos años (se habla de 2.5 millones de personas entre USA y UE), y la de los cacahuetes es de las más comunes. Bueno, tal y como se comenta en el artículo, los resultados son prometedores, pero habrá que contrastarlos con estudios bioquímicos más específicos. Los estudios epidemiológicos (los que se basan en cifras obtenidas de la población) son necesarios para encontrar pistas, pero jamás pueden servir para afirmar tajantemente la causa de una enfermedad (o del efecto positivo o negativo de un alimento). Por ejemplo (un estudio que me invento): los españoles consumimos 13 litros de aceite de oliva al año, y sin embargo los habitantes de Eritrea apenas lo consumen. La esperanza de vida en España es de 85 años, mientras que en Eritrea es de 59 años; ergo, el aceite de oliva aumenta la esperanza de vida (es una simplificación estúpida, pero intenta ejemplificar por qué los estudios epidemiológicos hay que hacerlos muy bien y tomar sus resultados con pinzas).
2.-Según unos investigadores alemanes, el ¡¡50%!! de las alergias alimentarias no están correctamente diagnosticadas (es decir, no son alergias). Esto no quiere decir que los síntomas que uno nota cuando ingiere un alimento al que creía tener alergia no sean ciertos, sino que estarán causados por cualquier otro tipo de hipersensibilidad o de intolerancia, pero no alergia (y eso es importante, porque el tipo de tratamiento puede ser diferente). El caso me cae cercano, porque una sobrina mía ha estado algún tiempo pensando que tenía alergia al pescado y finalmente resulta que no la tenía. Y el diagnóstico, tal y como explican los alemanes en el estudio que cito, había sido por exclusión, lo cual parece no ser muy fiable (publicado en una innombrable revista alemana: Deutsches Ärzteblatt International)
3.- Aunque el pavo se cocine (la cosa viene por lo del Día de Acción de Gracias en los USA) a 74ºC de temperatura interna, sigue existiendo riesgo de intoxicación alimentaria. Esa temperatura acaba con casi todos los microorganismos patógenos, pero las formas esporuladas (formas de resistencia de algunos microorganismos) de algunos otros sobreviven. Es el caso de Clostridium perfringens, que aparece en la carne de pavo con una cierta frecuencia, y cuya toxina provoca síntomas graves. El Dr Breashears, que es el que firma la recomendación, advierte del peligro de consumir los restos del pavo de la cena al día siguiente (o a los pocos días), si no han sido debida y rápidamente refrigerados.
La obra es “In Mali” de Barcelo (otra vez).
