Viernes, Julio 14, 2006
WALDA, y el proyecto vacaciones en paz
El día 1 de julio entró en nuestras vidas un pequeño y expresivo personaje, procedente del desierto. Walda tiene 6 o 7 años, y pasará con nosotros el verano, dentro del programa de acogida a niños saharauis llamado “Vacaciones en paz?.
Esto se viene haciendo desde hace menos de 10 años en la comunidad extremeña, igual que en otras españolas. Durante 2 meses, se saca de los más de 50 grados de calor, a los niños de 6 a 12 años, y se les trae a ver nuestro mundo y pasar algún control médico.
Tras ese tiempo volverán a sus familias, a los campos de refugiados donde esperan que la ONU de una salida a estas más de 200.000 personas. Marruecos, que invadió su territorio, obstaculiza cualquier salida dejando que pase el tiempo.
Y NO SÉ POR QUÉ NO ME DEJA SUBIR LAS FOTOS… A VER SI OTRO D?A SE PORTA LA M?QUINA!!
Cuando llegó Walda, en su primera salida del desierto, tristeza, descolocado… difícil entender quiénes son estos con quienes te dejan y que no hablan tu lengua. Con cariño, paciencia y tranquilidad él se fue sintiendo a gusto, y al par de días ya decía alguna palabra en español, o sonreía más.
Mucha mímica y expresividad aprendimos… y todo se fue haciendo más fácil.
Encantado con el agua de las piscinas, con sentirse allí flotando cuando al principio desconfiaba hasta de la seguridad de la bañera. Encantado yo con la universalidad del lenguaje del fútbol, que a todos los niños gusta y vale para integrarse con otros.
Enorme su vitalidad y capacidad de adaptación. Son sensaciones indescriptibles, la admiración por este pequeño personaje, equilibrado y vivísimo, al que poco a poco hay que ponerle algunas normas y le enseñamos así las llaves de nuestro mundo. Seguimos disfrutando de sus caras de admiración y descubrimientos… y de ese gran equilibrio y humano que muestra, como parte de la cultura de su pueblo.
Si queréis me comentáis algo… preguntáis, o si alguien no conoce los antecedentes de esto, puede mirar atrás en esta misma página en dos artículos tras el viaje a los campamentos la primavera del 2005, son la familia y la casa saharauis, y saharauis en el corazón.
Resulta desde luego una entrañable experiencia mirar nuestro mundo con ojos de niño que madura desde un origen muy diferente. Vaya intercambio cultural, tan pequeñito.
