Jueves, Diciembre 24, 2009
VICIO
Tengo un vicio que no soy capaz de remediar. Como con todas las adicciones, después de pasar un tiempo alejado de ella, el regreso es compulsivo, sin control, un puro dejarse ir por los sentidos, sin posibilidad de cargo de conciencia o consideración alguna para con la salud. Más y más, para revisar los matices más recónditos o para hartarse sin contemplaciones. Tal vez hacerlo público, como en los alcohólicos anónimos me ayude a solucionarlo.
Ayer caí de nuevo. Ayer volví a palpar esas formas incitantes, firmes, características. Comencé a quitarle ritualmente su vestido, esa malla ceñida que ya deja entrever el disfrute que se avecina. Empecé a percibir su olor profundo, atávico. Me manché las manos con su olor y, como siempre, no pude aguantarme. Tuve que sacar mi herramienta y comenzar a dar rienda suelta a mi deseo. De nuevo caí en la tentación de manera compulsiva.
No era capaz de parar, una loncha tras otra, aquella con más veteado, más jugosa, más suculenta; esas otras más secas, sin grasa alguna, duras, con las que se llena la boca de saliva, con las que duelen las mandíbulas de masticar. O las otras, con más tocino que magro, con matices a rancio que rascan en la garganta, que llegan a picar. Y en cada una ya la necesidad de la siguiente. No soy capaz de tomarme dos o tres lonchitas. Una vez que la mano se pone tonta y empieza a tallar una superficie lisa ya no hay remedio. Cualquier excusa es buena: “esta es la última”, “voy a igualar el corte”, “esta parte no la quiere nadie”, “en casa se seca mucho”, “ahora es cuando está bueno”, “esta grasa es rica en ácido oleico”, “total solamente lo tomo de cuando en cuando…”
¡Dios, que bueno está! Y no tengo más remedio que hacer publicidad del amigo que, tras años de mimos y esmeros, consigue que salgan tan, tan buenos. El es Javier, y los jamones son de Dehesa de Solana, que tiene su secadero de jamones en la provincia de Cáceres, en Herrera de Alcántara, rodeado de unas dehesas preciosas, ahora verdes y empapadas y llenas de bellotas.
El cuadro es “Trama de colores” de Turner.
